Los límites del cuerpo.



"Por lo menos las cicatrices permanecen" -Mathieu


Love and bruises, de Ye Lou (2011) en un principio podría parecer una historia de amor más. Pero en cambio, es un ejercicio de ahondamiento en lo más profundo de las relaciones humanas actuales, de cómo funcionan los lazos y cómo esto se ve reflejado en el amor. La inestabilidad de la sociedad contemporánea, que es acorde a la fragilidad de los vínculos personales, da como fruto este tipo de conexiones en una relación de causa-efecto.
Todo comienza con Hua, una profesora china en París, teniendo unas últimas palabras suplicantes con su exnovio, que acaba de terminar con la relación. Ella, abandonada, rota, sola, se encuentra en medio del caos que supone la ciudad, de su ruido que no permite pensar y no deja de abrumar al espectador. En medio de ese estado de confusión aparece Mathieu, un obrero, y aquí empieza la vorágine.
Ambos comienzan una relación de amor, pero siendo éste destructivo, violento y dañino. Ye Lou presenta de este modo la gran complejidad del amor, amor como locura ininteligible e imparable, amor como algo extraño, muestra sus entresijos y se pregunta qué lo mueve y hasta dónde nos hace llegar. 



La relación que mantienen Hua y Mathieu se mueve entre el machismo y el victimismo, él la trata como a un objeto, en un tira y afloja constante de amenazas y chantaje emocional. El director muestra aquí una crítica a esta sociedad machista en la que vivimos, y el discurso de la película habla por la boca del profesor de la universidad a la que asiste Hua, que enseña acerca de la lucha de la mujer y de sus derechos, a la vez que, como en otra secuencia señala él mismo, lo que se enseña en las clases es abstracto y no corresponde en absoluto con la realidad. Porque la sociedad que presenta Ye Lou es una en la cual si una mujer dice "no" es porque no sabe lo que quiere, la mujer no tiene derecho a desencajarse de su papel dócil y tomar sus propias decisiones. Mathieu hiere a Hua verbal y físicamente, y se deja entrever que quizá el motivo sea la diferencia de clases aunque ello no tuviese por qué implicar diferencias de valores.
Aquí es cuando surge la pregunta ¿por qué ella no lo deja? Y éste es el punto en torno al cual gira la película. Hua es la imagen de quien renuncia a su identidad y se abandona a convertirse en un objeto.
Ella proviene de una sociedad intelectual que impone de algún modo un determinado estilo de vida, monótono, igual. Ella ha salido mal parada de este círculo tras su anterior ruptura, y quizá por llegar a sentir algo, aunque sea dolor, en medio de una vida predefinida gris y fría, prefiere esto. Prefiere intentar sentir, abandonarse al azar. No se quiere dejar atrapar por la rutina, y por ello busca nuevas vivencias y experiencias debidas al devenir, a los encuentros. De modo que Hua hace lo que canta Johnny Cash en Hurt, I hurt myself today to see if I still feel... en una relación llevada al extremo, en la cual a través del sexo se culmina la dominación absoluta de la mujer.



La puesta en escena es simétrica al contenido, toma la forma de aquello que está ocurriendo; el caos que supone el amor se ve reflejado en una cámara en mano constante que vibra y nos descoloca, a menudo manteniendo muchos elementos fuera de foco, y utilizando una gama cromática cálida, así introduciendo al espectador en esa nebulosa incontrolable que supone la relación entre Mathieu y Hua.

Love and bruises es un retrato fiel de los amores líquidos, contrariados y violentos que se viven hoy en día, mostrando su dureza y su crueldad y a la vez su fragilidad, presentando desde una altura superior a ambos personajes en toda su desnudez, dejando al espectador la elección de juzgar o no a estos pobres infelices que no son más que el fruto de una sociedad que se dirige hacia el vacío.




El retorno



Mi tierra (2013) es la historia del viaje a los orígenes de uno mismo. Bajo la dirección de Mohamed Hamidi y de los productores de Intocable (Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011) este relato comienza en París, donde Farid nació y se crió, aun siendo sus padres argelinos. No sabe hablar árabe y aunque siempre que le preguntan por su origen él responde que es argelino, nunca ha pisado Argelia. Por unos problemas familiares se ve obligado a viajar a este país desconocido en nombre de su padre, y allí se encuentra con sus raíces, en un principio desconocidas y extrañas, pero poco a poco va ahondando más en sí mismo y encuentra dentro toda esa tradición, esa cultura, su ritmo de vida. Uno debe conocerse bien a sí mismo para poder formar parte del mundo. Y esta no es una historia particular sino que habla de algo universal, aplicable a toda familia, por ello esta aventura se llega a sentir en la propia carne. Todo esto va unido a una nota de humor muy agradable pero que va desapareciendo según va avanzando el largometraje.





Porque a pesar de este reencuentro interior, Farid siempre ve esta Argelia desde fuera, casi a modo de turista, sus amigos y familiares le cuentan sus miserias y él lo ve como algo lejano, algo externo. Oye sin parar historias sobre cómo su padre tuvo que viajar apostándolo todo hacia Francia, dejando a su familia atrás, o cómo un conocido ha pedido ya más de cuarenta veces un visado sin éxito, y la cuestión no es ya el dinero, a pesar de que es lo que parece mover el mundo, sino su origen, el ser argelino, el color de piel, el idioma hablado.

Pero él sigue siendo un europeo en un país árabe, hasta que en un momento dado le roban el pasaporte y se produce un giro absoluto en el modo de ver su país. Ahora él es uno de ellos, atrapado por la burocracia. Siente en su piel cómo es el verse rechazado por todas las cuestiones de raza, ahora que en ningún papel aparece la palabra "francés" y es tratado como uno más. Cómo alguien que nace en un país determinado y no en cualquier otro puede llegar a tener unas oportunidades radicalmente opuestas. Simplemente por la cuestión del origen. Farid siente por primera vez lo que es ser argelino, y en ese instante como si le pasara la vida entera por sus ojos, integra esa tradición en sí mismo, experimenta cómo fue la vida de su padre y de todos los que le suceden. Debe permanecer en el país hasta nuevo aviso de modo que sigue profundizando en su historia personal y acude a la casa donde nació su padre, recorre el camino que una vez anduvo éste. Sigue sus huellas.


Aquí Mohamed Hamidi explora la realidad, lo que ocurre día tras día en los países en los cuales las personas no son dueñas de sí mismas, a modo de un ejercicio de reivindicación y protesta, y muestra al espectador -quizá demasiado ajeno a este tipo de sucesos- su propia experiencia y la de tantos que habrán sufrido este tipo de discriminación racial. Algo que cada día se ve en la televisión pero a lo que no se le da mucha importancia. 



El reflejo de lo invisible



Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013) es una de esas películas que pertenecen al nuevo cine español, propuestas alternativas que pretenden ir más allá del cine español que habitualmente llega a las salas.

La película en un principio parece una apuesta floja y algo estereotípica, partiendo del "chico conoce chica", chica se muestra reticente y chico intenta seducirla a lo largo de la noche, uniéndole a eso una interpretación bastante decepcionante -de nuevo, en un principio- que no parece natural, en la que los actores (Aura Garrido y Javier Pereira) no se mueven sueltos y cómodos. Cae en la clásica trama con los clásicos momentos de todo argumento adolescente-amoroso, sin embargo utilizando una puesta en escena diferente, nueva, que refresca todo lo anterior, dotándole de aire al filme.




La fotografía de tonos azulados marca esta primera mitad, que se ve correspondida en su otra mitad-reflejo inverso en el que la iluminación cambia radicalmente por la luz blanca y limpia de la mañana, que lo inunda todo en imágenes en clave alta. Y es en esta segunda mitad en la que la película toma un camino diferente, en la que se despoja de los estereotipos anteriores y propone algo distinto, dando un vuelco de 180 grados a esta historia de amor-odio. En este momento es en el cual el espectador suspira "por fin", y aunque en un principio toma un giro interesante, el director no parece aprovechar esta nueva vía que ofrece, quedándose un poco sin fuerzas. Aun así, la interpretación antes decepcionante se torna brillante, al mostrar cada personaje su verdadera cara, sin máscaras ni engaños, bajo esa luz blanca que lo desnuda todo.

Por todo esto, Stockholm es en realidad una apuesta muy interesante, sobre todo en esa puesta en escena que ofrece novedad a través de sus planos, la gama cromática o los movimientos de cámara y ralentizaciones de la imagen, aunque sí que parece estar falta de esa fuerza que la trama se merece.




Un enigma hecho música

Grand Piano, de Eugenio Mira (2013).





Acudir a la proyección de la película sin conocer el argumento previamente es lo mejor que uno puede hacer, si aún no ha sido invadido por tráilers y reseñas cinematográficas. 

La película gira en torno a un enigma que no vamos a descifrar, pero que es lo que mueve toda la trama. El largometraje transcurre enteramente en un concierto de piano a manos de un joven pianista, Tom Selznick (Elijah Wood), que es uno de los músicos más brillantes de su época y fue instruido por un gran maestro al que se le dedica dicho concierto. En esos 90 minutos de largometraje, la tensión y el ritmo del montaje y de la música mantienen al espectador pegado a la butaca. 
La puesta en escena es muy clásica y desborda por la elegancia y el brillo de las imágenes, si bien a veces el director decide experimentar utilizando el recurso de la pantalla partida, los planos aberrantes y el rotar la cámara 90º respecto al eje horizontal, aportándole a esta original película un original punto de vista.
La música que en gran medida es diegética ya que procede del mismo concierto, pero acompaña a la acción de forma extradiegética, incrementa el nerviosismo y el estrés a cada momento, dotando a la película de un tempo muy rápido y dinámico.






Es una apuesta muy sencilla, sí, ya que no hay más trama que la del propio concierto y el consiguiente misterio como macguffin -que no, no revelaremos-, pero es precisamente el aprovechamiento de todos los demás recursos lo que consigue una película completa y en absoluto gratuita, todo está debidamente justificado y se rellena de información hasta el último hueco de la narración. Por otro lado, Elijah Wood se muestra muy suelto en este filme, lo que hace fácil el identificarse con él y sentir su nerviosismo, su sudor frío en la nuca, seguir sus pasos a donde quiera que va.

Eugenio Mira toma una idea simple y la transforma en algo grande y que funciona, en una sucesión de hechos que va in crescendo, tal y como paralelamente los acompaña la maravillosa música de este filme.


Andrea Dorantes




Una novia para cinco hermanos

De nuevo contamos con nuestro colaborador Rafael Almena, esta vez en la reseña de la
nueva película de Sánchez Arévalo.

¡Disfruten!



La gran familia española (2013) es la cuarta película de Daniel Sánchez Arévalo, uno de los mejores directores/escritores del cine español actual. Debutó con un exitazo como AzulOscuroCasiNegro; siguió con Gordos, excesiva en todos los aspectos y hasta ahora la más floja; y más tarde llegó Primos, buenísima comedia con un gran Raúl Arévalo.

Su última película comparte la misma temática que toda su obra anterior y que se explicita en el título: la familia. La familia auténtica, la que muchas veces da más disgustos que alegrías. La historia trata sobre la boda del benjamín de una familia de cinco hermanos el mismo día en que se celebra la final del mundial en la que juega la selección nacional. Esto no es más que una anécdota, puesto que el argumento poco incide en ello. En mitad de la ceremonia, el padre sufre un ataque cardíaco, por lo que todo se paraliza; mientras esperan a que se recupere, los hermanos intentarán resolver los problemas a los que tienen que hacer frente.



Todo el reparto realiza una gran labor, si bien el que se queda algo corto es Patrick Criado, que interpreta al novio, al que parece faltarle algo que al resto de actores les sobra: naturalidad. Es preciso destacar la actuación de Antonio de la Torre, que  bien podría hacer de figurante porque siempre dota de espontaneidad y cercanía a cualquiera de sus personajes, consiguiendo un gran equilibrio en su interpretación que hace reír y llorar a partes iguales, al igual que sobresale Roberto Álamo, que realiza el papel de un deficiente mental que podría haberse quedado en la parodia, y que por el contrario, resuelve la papeleta haciéndose con uno de los personajes más entrañables de la cinta.
Respecto al trabajo de Sánchez Arévalo, hay que señalar lo difícil que es contar de manera cómica un drama tan gordo, ya que el hecho de que al padre le dé un ataque el día que se casa el hermano (¡de 18 años!) porque ha dejado embarazada a su novia, puede ser algo increíble en cuanto a la cercanía con la que se suceden los hechos, pero no por ello es algo para tomárselo a broma. La historia se hace ligera y es creíble hasta una de las escenas del final, que podría parecer demasiado peliculera, pero al fin y al cabo se trata de una película, y si contase una trama idéntica a la vida real , quizá acabaría por ser demasiado aburrida.
Aún así, es una suerte que en nuestro país se hagan películas tan amenas y divertidas, y que al mismo tiempo, inviten a la reflexión como en este filme de Sánchez Arévalo. Yo ya espero impaciente la próxima película de este gran, gran director.
Rafael Almena




Sobre la piel.

Hoy estamos de suerte y tenemos a Jorge Domingo colaborando con nosotros en la crítica de La vie d'Adèle de Abdellatif Kechiche (2013). 
¡Esperamos que os guste!






Me falta algo en el corazón”, afirma la protagonista de La vie de Marianne con la voz de uno de los compañeros de la clase de literatura de Adèle. Sin embargo, no es al lector a quien muestra la cámara mientras se oye esta frase, si no a la propia Adèle (Adèle Exarchopoulos), una joven estudiante de familia obrera que dice tener la impresión de fingir en sus relaciones amorosas y sexuales. También a ella parece faltarle algo en el corazón. La vie d’Adèle, quinto largometraje del realizador tunecino Abdellatif Kechiche, se plantea como una historia de iniciación y aprendizaje, como una búsqueda de ese algo del que habla Marivaux que no se sabe si se encuentra fuera o dentro de uno mismo. Adèle parece atisbarlo en una chica con el pelo azul que, literalmente, se cruza en su camino: Emma (Léa Seydoux), con la que, poco a poco, conversación a conversación, iniciará una intensa relación amorosa.

Esta trama aparentemente tan simple es sólo la base de una película que no se queda en lo superficial y que profundiza en los aspectos más sensoriales y plásticos. Si bien es verdad que la historia refleja las realidades cotidianas de dos tipos de familia francesa, 
-contrapuestas en las escenas de cenas familiares- y que muestra un contexto social específico de manifestaciones por la educación pública y desfiles del orgullo gay, también es cierto que la narración parece suspenderse con frecuencia para recrearse en lo meramente estético. El naturalismo más obsceno se mezcla así con el lirismo más sobrecogedor.




Uno de los mayores logros de la cinta -si no el mayor- es la expresión de la fisicidad, conseguida a través de abundantes primeros planos de las dos protagonistas y posibles gracias a una entrega total de las actrices. Adèle Exarchopoulos llena la pantalla con su fuerza e hipnotiza al espectador con su boca entreabierta, sus movimientos seguros, su forma desordenada y casi agresiva de recogerse el pelo y su mirada directa que transmite verdad. Son especialmente impactantes las secuencias en las que un primerísimo plano nos muestra la boca de Adèle mientras engulle espaguetis, o mientras duerme profundamente, que funcionan tan bien gracias, en gran parte, a la utilización del sonido. Estos primeros planos muestran no sólo los rostros de las actrices, a través de los que podemos ver “lo que el amor hace en el rostro de Adèle” en palabras del director, sino también elementos mucho más corporales y sensuales como sus nalgas o incluso sus axilas. Además, el director no tiene ningún escrúpulo en mostrar las lágrimas, mocos y babas de las actrices que añaden realismo a la representación y, lejos de asquear al público, aumentan su implicación en la escena generando vínculos viscerales e incluso eróticos entre ambos. Resulta fascinante cómo Kechiche consigue implicar y dirigirse a todos y cada uno de los sentidos del espectador y hacerlos reaccionar frente a esta representación que desborda la pantalla. La vista a través de los primeros planos y la muy cuidada fotografía que juega con los tonos azules y amarillentos (como lo hace el cómic en el que está “libremente basada” la película, El azul es un color cálido de Julie Maroh), así como de la selección de actrices y actores. El oído a través de los sonidos amplificados de los personajes masticando, tragando, gimiendo, sorbiendo mocos, o incluso respirando, o de la fricción entre sus cuerpos; que se relacionan directamente con el apetito. El tacto se implica indirectamente a través de las combinaciones entre imagen y sonido en las escenas más íntimas, por medio de planos detalle de partes de sus cuerpos y de movimientos ondulantes y sensuales que siguen la “mecánica del cuerpo”. Incluso el olfato está ligeramente presente en la escena en la que las compañeras de Adèle la presionan para que les cuente cómo fue el sexo con Thomas asegurando que “se nota el olor de que ha follado desde aquí”, todo a pesar de que no ocurrió nada. Todos los sentidos están cubiertos y confirman que, como afirmaba Exarchopoulos, “La vie d’Adèle es una película sobre la piel”.




La mezcla entre naturalismo y lirismo ya mencionada se hace obvia en las abundantes y prolongadas escenas de sexo, muy discutidas tanto por la crítica como por el público, pero profundamente necesarias. La duración y explicitud del sexo entre las dos protagonistas no es en absoluto casual y arbitraria, sino que responde a motivos formales, narrativos y morales. Formales ya que se muestra una escena de gran belleza y verdad, que el realizador quería que “recordase a pinturas”. Por esta afirmación Kechiche ha sido muy criticado al dar a entender que quería mostrar una representación clásica y desde un punto de vista masculino del sexo entre dos mujeres y del cuerpo femenino, como en las esculturas y pinturas de la exposición que Adèle y Emma van a ver en la película. Sin embargo, el director no especifica a qué pinturas se refiere, dado que posteriormente en la cinta se mencionará la obra de Schiele, más cercana al estilo del metraje, de cuerpos mezclados que “se tocan y se respiran”. El sexo es también narrativo ya que se produce en tres situaciones distintas, en tres momentos diferentes de la evolución de la relación, aportando distintos significados en cada uno. Pero, por encima de todo, el sexo adquiere una dimensión moral, de provocación, de reivindicación del desnudo, del cuerpo y de la vida. Kechiche destapa los cuerpos para expresar una ideología, para obligar al espectador a aceptar a los demás pero sobre todo a aceptarse a sí mismo.



A raíz, sobre todo, de escenas como éstas, una creciente polémica ha ido rodeando a la película ganadora de la Palme d’Or de Cannes 2013 (concedida excepcionalmente no solo al director si no también a las dos actrices protagonistas en reconocimiento por su trabajo). Tras el rodaje, las actrices declararon que no les gustaría volver a trabajar con Kechiche debido a la intensidad de sus -cuestionables- métodos de dirección de actores, invasivos y desgastadores. El hecho es que el resultado es de una veracidad y de un realismo de sentimientos tan sorprendentes que, probablemente, solo podrían haberse conseguido a través del trabajo duro y el desarrollo constante del personaje, que permitió que algunas escenas fueran escritas sobre la marcha basándose en las improvisaciones de las actrices. La película ha sido criticada también por “mostrar una visión masculina de la relación entre dos mujeres”, con argumentos como los ya expuestos relacionados con las pinturas, y otros que dicen que la cámara se recrea innecesariamente en la desnudez de Adèle, o que las escenas de sexo parecen no haber sido supervisadas por una lesbiana. Sin embargo no parecen apreciarse estos matices en una película en la que todo se encuentra subordinado a la expresión de la sensualidad más palpable. Una sensualidad que no entiende de sexos. 


La vie d’Adèle se consolida como un primer paso hacia la representación libre del amor, hacia el tratamiento del amor homosexual como amor simplemente, sin necesidad de etiquetas ni de tabúes absurdos. “El amor no tiene sexo, búscate a alguien que te quiera, sé feliz” es el consejo que le da un desconocido a Adèle en un bar gay, justo antes de conocer a Emma. Kechiche no solo asume y supera este consejo si no que lo plasma en una película de una belleza y una fuerza indiscutibles.

Jorge Domingo.









Ambos hemos creído encontrar tantos fotogramas bonitos de la película que quisimos adjuntar algunos aquí para enriquecer esta crítica. :)










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Neither God Forgives

Only God Forgives, Nicolas Winding Refn (2013). 






Es difícil ponerse a escribir recién salido de la sala. Uno tiene que reflexionar para llegar a lo más profundo de esta película, que encierra muchos subniveles difíciles de descubrir.
No, no es una secuela de Drive. Ésa, que debe de ser la primera pregunta de todo espectador, queda respondida al comenzar los primeros títulos del filme. 




Impacta una primera puesta en escena que puede incluso recordar a Wong Kar-wai en In the mood for love, y eso ya son palabras de otro calibre. La fotografía (dirigida por Larry Smith) abruma desde el primer minuto. Uno se ve impresionado por los eléctricos colores primarios que bañan la oscuridad de los espacios, rojo, amarillo, azul. La película está ambientada en Bangkok, y toda esa estética oriental da mucho juego a la hora de crear esos claroscuros que reinan durante todo el largometraje. Esos colores primarios, esos colores que son la esencia de lo que conocemos, nos remiten a eso mismo, lo esencial, el núcleo de la naturaleza humana, son una alegoría de lo que nos define como animales. El color rojo se superpone a todos los demás, el color rojo es el color de la violencia, del sexo, de la pasión, de la sangre. De todo aquello que nos mueve por dentro, de aquello de lo que no podemos escapar, por muy civilizados que seamos o creamos ser.
En la sombra habita lo oscuro y lo salvaje, y es esa dimensión del ser humano la que Nicolas Winding decide explorar. En el exterior de los lugares en los que transcurre la narración, si bien nunca conocemos su ubicación o su correspondencia física entre unos y otros, hay una luz brillante que parece engañar al extranjero, pero es en el interior donde la oscuridad reina. En la noche habita el horror, y es en ése territorio, limitado por la simple puesta y salida del sol, en el que la película decide indagar. 

¿Y dónde está el lugar para Ryan Gosling en todo este submundo de bajas pasiones? Ryan ya no es el samurai que lo sacrifica todo por los demás, como en Drive. Julian (Gosling) es un fugitivo que se esconde en la oscuridad de Bangkok y se dedica al tráfico de drogas, utilizando como tapadera un club de boxeo. En este ambiente se mueven prostitutas, asesinos a sueldo y hombres sedientos de venganza. En la familia de Julian comienza la rueda que nunca para de girar: su hermano viola y mata a una prostituta, el padre de la prostituta decide tomar venganza contra éste y a la vez la madre de la familia viene desde EEUU para tomar el relevo. Es decir, esa vieja historia de la mafia que tanto conocemos, pero contada como nunca y con una puesta en escena atrevida y extremadamente original y cuidada. Todos actúan de forma muy contenida y lenta, no hay casi palabras, el silencio reina en casi todo el filme exceptuando el sonido de la muerte. La elección de la música (Cliff Martinez), tan habitual en Nicolas Winding, inunda y rebasa al espectador. 
Ryan Gosling ya no es un personaje en sí mismo, el director ha escogido no aprovecharse de la tirada de Drive para hacer un Drive 2, como quizá si se haya intuido en Cruce de caminos de Derek Cianfrance; Gosling ha demostrado que es capaz de adaptar su mutismo a un sin fin de personajes de forma camaleónica.

Julian se mueve con soltura en esos espacios laberínticos que nunca reconocemos fácilmente, se mueve entre luces y sombras, en ese microuniverso que puede quizá recordar a El resplandor o el One Eyed Jacks de Twin Peaks. 



Respecto a la narración, al director le gusta jugar con lo imaginado a través del fuera de campo y los encadenados de sonido, se divierte confundiendo al espectador dando lugar a equívocos, que mantienen una tensión constante durante todo el metraje, provocando una respiración contenida continua. Parte de un argumento sumamente sencillo para acabar produciendo esa angustia en el público, que se ve atosigado por la imagen y el sonido sin saber hacia dónde va a tirar la película.

Es un filme que encierra en sí un mensaje implícito, cómo la venganza es una rueda imparable que no deja más que sufrimiento tras ella, y cómo en realidad ni siquiera Dios perdona, ya que aquí no hay lugar para el perdón, ni para el olvido.


Andrea Dorantes








La vuelta a lo sencillo

Renoir, dirigida por Gilles Bourdos (2012).



A través de esta película llegamos a conocer al célebre pintor en sus últimos años de vida, cómo el paso de la edad deja lugar a problemas físicos que merman sus capacidades corporales, pero no mentales, y cómo quizá eso influye en su estilo pictórico pero no lo empeora, lo cambia, lo hace más sencillo. Él cuenta que tras toda la vida complicándose para pintar un cuadro, ahora pinta rápido, ve lo esencial, se dirige hacia el núcleo duro de las cosas, pinta siluetas, no con líneas sino con color. "Si no eres capaz de entenderlo, no serás capaz de entender nada", le dice a su hijo, Jean Renoir, que vive en la película la etapa de su vida que le llevará a descubrir el cine. Pero todo no acaba ahí, la película no sólo narra los últimos años del pintor sino que gira entorno a Andrée, la modelo que acepta posar para él. Ella provoca que pinte de nuevo con más fuerza, más inspiración. Ella representa, como Renoir dice, la carne, la vida, él necesita un ser vivo cerca aunque sea para pintar un bodegón de limones. Ella es el color naranja, la luz que baña prácticamente toda la película, que es una muestra preciosa de tonos, colores, matices. La fotografía, dirigida por Mark Ping Bing Lee, es todo un homenaje a la pintura, la mayoría de las veces se recrea en la belleza de los planos sin importar lo que narre, algo que cualquier esteta disfruta sin lugar a dudas.




A pesar de parecer una película tan ligera, que comienza de una forma tan agradable, pronto se torna de ser un biopic a romance, ya que empieza a descentrarse demasiado de la gran figura que le da el nombre al filme, y finalmente acaba por girar entorno al amor que surge entre Jean y Andrée.

Independientemente de ello, es una película que nos transmite mensajes muy profundos, como el no buscar sino dejarse llevar como un corcho por la corriente de un río, el reducirse a lo sencillo y esencial, y el "agárralo sin miedo" de Andrée.




Paraíso: Amor (Ulrich Seidl, 2012)

¡Buenos días!

De nuevo he colaborado con el blog La película del día y esta vez, con la reseña de Paraíso: Amor de Ulrich Seidl, ¡aquí tenéis el enlace!

http://daysmovie.wordpress.com/2013/08/14/paraiso-amor-paradies-liebe-paradise-love-2012/



¡Espero que os guste!

Tranquilo, es solo el viento.



Solo el viento, de Benedek Fliegauf representa la realidad de la que no sabemos nada y que tampoco queremos ver. Una familia gitana romaní sufre en las carnes los efectos del racismo, llegando a los extremos más violentos: otras familias gitanas de la zona han sido asesinadas por la noche, lo que cada vez va cerrando más el círculo entorno a ellos. 
Basada en un suceso real, la película nos muestra un día cotidiano de la familia, con el abuelo enfermo, el niño no queriendo ir al colegio, la hija adolescente intentando igualarse al resto acudiendo al instituto pero sufriendo insultos racistas por parte de su profesor, la madre pluriempleada dejándose la piel para poder seguir viviendo difícilmente al día, sufriendo también acoso racista por parte de su jefe.
Tras este cuadro de desprecio cotidiano, representado en un área de Hungría poblado de bosques y hierbas altas (gracias a la magnífica fotografía que nos permite sentir su frescor en la piel), aparece lo subyacente, en el ambiente se masca la tragedia, ninguno habla de ello pero todos lo saben: podrían ser los siguientes. Intentar deshacerse de ese sentimiento para seguir viviendo, pero no, les persigue. Por su condición, uno abstrae que tienen el destino truncado, el espectador intuye que esos personajes no llegarán a nada en la vida debido a esa sociedad opresora.




La realidad gitana es mucho más dura de lo que parece. Mientras en la sala de ordenadores el resto de estudiantes juegan a videojuegos de guerra, con el insistente sonido de los disparos, Anna, la adolescente, después de buscar en Google "asesinatos de gitanos", realiza una videollamada a Canadá, para hablar con su padre al que hace más de un año que no ve. Los contrastes se muestran continuos. Rio, el niño, escucha cómo han sido asesinados sus vecinos. Sus preocupaciones deberían ser las propias de su edad, no estar a la espera de la muerte.


La película es la continua espera de lo inevitable, tanto por parte del espectador como de los personajes, en un silencio atronador que no hace más que incrementar el nerviosismo.Uno siente cómo es esa mosca que te persigue en el oído, el latido constante de la muerte cercana. No se sabe qué pasará pero se espera que pase algo. Ellos viven en ese "standby", a la espera, conteniendo la rabia contra los que los maltratan y denigran, callando, siempre callando, observando con la boca cerrada.

Andrea Dorantes


"¡Sí al perdón! ¡Sí al olvido!".

Haciendo click aquí podéis ver la crítica que hice de Carne de perro (2012, Fernando Guzzoni) para La película del día

Enjoy!





Una fotografía congelada en el tiempo

Después de mayo (Après mai). Olivier Assayas, 2012.



Al ver la película lo que sentí fue que, al igual que decía el diario Los Angeles Times de Justin Taylor, escritor de Aquí todo es mejor y El evangelio de la anarquía, en esta película, Olivier Assayas es "un maestro de la instantánea moderna". Aunque en lugar de la modernidad, debamos hablar de los años sesenta y setenta. 

Assayas nos cuenta no una historia, sino muchas se dieron después del suceso del mayo del 68 en París, historias de varios personajes anónimos cuyas vidas se entrecruzaron en aquel "después de mayo". Por eso aquello de la "instantánea", el director francés capta la esencia de todas las personas que estuvieron presentes en ese momento histórico, de cómo cada uno buscó su camino y de la sensación quizá nostálgica que quedó después de la revolución.
Es una película ligera, disfrutable, de verano, y aunque parezca no llegar al fondo del asunto de cada uno de los personajes, la película es capaz de capturar todo eso y mucho más.

Andrea Dorantes





In another country



In another country (2012), Hong Sang-soo

Por fin llega algo de Hong Sang-soo a nuestro país, y es que éste es el primer filme del director disponible en las salas comerciales españolas. El director surcoreano viene de la mano de una camaleónica Isabelle Huppert para contarnos tres historias paradójicamente distintas y parecidas a su vez. Al director, que se sabe apreciado por la crítica, no le importa ser un desconocido para el público general, y aprovecha este extraño privilegio para trabajar con más libertad sin forzar elementos con una aspiración comercial. Sang-soo, a pesar de estar rascando la superficie de lo humano, utiliza una puesta en escena que podría parecer poco delicada: planos-secuencia, poco montaje, zoom-in en lugar de cambiar a planos más cortos cuando se trata de secuencias íntimas y emocionales... Pero no debemos caer en el engaño, ésta es la marca del director.


Hong Sang-soo introduce a Anne, una extranjera francesa (Isabelle Huppert), en Corea, su entorno habitual. Ella, en los tres distintos papeles que encarna en cada una de esas historias, se mueve en ese lugar extraño y ajeno y hace por adaptarse a esa cultura, en ocasiones con tintes de comedia. El director juega con la narración y se recrea en ello, mostrando tres relatos los cuales transcurren en el mismo lugar, con la misma actriz protagonista, pero con distintos personajes y una historia diferente. Lo curioso de todo este juego es cómo esos tres mundos parecen conectados como si se dieran tres universos paralelos en el mismo lugar, ofreciendo al espectador un aire de laberinto, jugando con diálogos e historias parecidos pero no iguales. La sensación de déjà-vu no abandona al público durante toda la película, ya que incluso algunos objetos y hechos se repiten en varias de las historias, lo que las hace parecer interconectadas entre sí. Aunque esto puede resultar a veces un error: hay ocasiones en las que este estudio sobre la narración descoloca un poco, incluso cansa, sobre todo cuando se dan aquellos diálogos tan parecidos entre sí, conociendo el espectador ya cada palabra del mismo y cuál será su desenlace.

Aun así, este juego hace de la película algo ligero, digerible, ya que no llega a profundizar mucho en ninguna historia pero aun así se puede abstraer el gran tema: la esencia del hombre, el amor, el error, el engaño, la pasión, la infidelidad; todo aquello que nos hace humanos.
A pesar de esa segunda lectura, quizá el que En otro país carezca de profundidad lleve a la sensación de que no tenemos tiempo apenas para identificarnos con el personaje, entender cómo actúa y qué siente, por lo que de película ligera puede pasar a ser olvidable.


En otro país es un filme agradable en cualquier caso. Probablemente cada persona saque algo bueno de él, y creo con firmeza que el público disfrutará de la película, además de que gracias a la experimentación con el relato, pueda inducirle un aire nuevo a aquel espectador que no esté muy acostumbrado a ver cine con esa clase de indagaciones meta-cinematográficas.

Ad Finem Fidelis.


El Gran Gatsby (2013), Baz Luhrmann. Basada en la novela de Scott Fitzgerald.



"Among the whisperings, the champagne and the stars"

Ésta es otra de esas críticas mías que no son críticas, son opiniones personales. Siento no ser objetiva de nuevo, y aunque no vaya a hablar de nada que pueda estropearos la sorpresa, creo que esto es más bien para aquellos que ya han visto la película. No pretendo ser "la verdad absoluta", sólo pretendo dar a conocer otro punto de vista distinto sobre ella.

Las críticas que he oído desde su estreno no han hecho más que acrecentar mi expectación. He oído comentarios de todo tipo: la música es anacrónica, todo pasa demasiado rápido, es aburrida, Carey Mulligan no le llega a Mia Farrow ni a la altura del zapato, todo se convierte en un circo que no hace más que ocultar el talento interpretativo de los actores, bla, bla, bla.
Todas las opiniones, como en todo, son muy válidas, claro. Pero no veo que se sostengan sobre nada sólido. Aunque esté todo escrito sobre el cine, no hay leyes, una película puede ser atrevida, puede ser como le salga de las narices ser, o más bien, como le salga de las narices al director. ¿En qué mundo la música de Moulin Rouge ha dejado de ser anacrónica? ¿Y en qué mundo eso importa? Ojalá salieran los detractores del Gran Gatsby ahora mismo y digan que ya no les gusta Moulin Rouge por esos mismos motivos.

Bueno. Escribo recién llegada de la sala, no quería que se perdiera ningún matiz, aunque sea algo imposible. Siento ser demasiado sentimental, pero ¿qué es el cine para nosotros, para mí, sino algo que nos mueve y nos lleva a sentir una película con pasión, o a odiarla profundamente?

Debe quedar constancia de que terminé de leer el libro hace unos escasos 2 días y sin embargo, he alcanzado mayor profundidad en la historia gracias a la película. No es culpa de Fitzgerald, desde luego, sino de que últimamente me cuesta muchísimo concentrarme cuando leo. 




Creo que quizá éste sea uno de esos casos exclusivos en los que se da que quienes hayan leído la obra aprecien mejor la película y la disfruten más, en lugar de lo que normalmente ocurre. 
La música anacrónica, el original tratamiento de la imagen, la rapidez del montaje, la aparente contradicción personaje-actor, todo eso, no es más que una cáscara (y qué cáscara). Dentro está la esencia de El Gran Gatsby, y nada más. De hecho, en la película podemos ver las miradas y su profundidad, su significado absoluto, algo que en el libro, yo al menos no pude apreciar tan de cerca. Dentro de esa cáscara está toda la tragedia que sutilmente presenta el libro, está todo el amor, el odio, la vida y la muerte que había en la obra. Los personajes son perfectos, la interpretación es perfecta, no se pasa ni se queda corta, se ajusta a la rapidez de la propia película. Carey Mulligan demuestra que es camaleónica, puede ser dulce, inocente y a la vez rica y tonta. Por mucho que digan por ahí, es muy capaz de llevar a sus espaldas todo el glamour que su personaje le exige. Leonardo Di Caprio de verdad que encarna a Gatsby de una forma... increíble. Cuando vi el cartel y lo vi a él supe que él sería Gatsby. Puede parecer seguro de sí mismo y a la vez demostrar una ternura y un miedo enormes. Es la viva imagen del personaje.

La música, la de Lana del Rey concretamente, contribuyó a que junto con las imágenes se me pusieran los pelos de punta. Ésta es una historia de amor mucho más compleja que lo que puede parecer a primera vista, y la música ayuda a amplificarlo. Es una historia de amor tan especial, tan triste y tan decadente. 
Por otro lado, el que hubiera tanto efecto digital no queda extraño sino que se amolda a esta nueva versión de la historia. La luz verde se ve desde mucho más lejos gracias a esto. Las estrellas fugaces, los fuegos artificiales: todo. La fotografía y la iluminación, que es en lo que se apoya todo ese circo, son bellísimas. Todo tan dorado, tan pulcro y a la vez, de nuevo esa palabra: decadente. 
Hay otra cosa que me llamó mucho la atención, y es que le han dado mucha importancia al cartel de los ojos de Dios, es decir, del Doctor T.J. Eckleburg, algo que en el libro sí que está ahí pero puedes perderlo de vista. Eso me pareció un respeto bien grande al texto, algo que es muy de agradecer.


No puedo decir nada más, con todo esto se me han acabado las palabras y no sabría como plasmar lo que pienso ahora sobre la película. Sólo ha sido un ataque de verborrea y ahora siento que me he quedado muda. En conclusión, vedla con vuestros propios ojos, y no dudéis en añadir comentarios aquí. Me encantaría conocer vuestra opinión. :)





"Gatsby believed in the green light, the orgastic future that year by year recedes before us. It eluded us then, but that’s no matter—tomorrow we will run faster, stretch out our arms farther. . . . And then one fine morning—So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past."

La casa donde no vivo.


The house I live in (2012), de Eugene Jarecki. (Disponible en el Atlantida Film Fest).

Siento que esto no sea una crítica como dios manda, pero lo que se me ocurre al ver el documental no es hacer eso, sino hablar de lo que realmente me ha dado a pensar, de lo que me ha hecho sentir, por lo que esto es una opinión personal acerca del documental y del tema, totalmente discutible por cualquier otra opinión bien argumentada.

Este documental muestra duramente lo que no queríamos oir ni ver. Nos habla directamente a nosotros, nos mira a los ojos y apartamos la mirada. 
Nos quiere hablar de las drogas. No, no es el típico documental sobre las drogas. Es un documental en cierto modo pesimista y a la vez algo alentador, es capaz de abrirnos los ojos. 
En Estados Unidos hay más gente encarcelada por las drogas que en el resto del mundo. Adivinad de qué color son esas personas. En Estados Unidos hay una tremenda discriminación racial a la hora de llevar a cabo la llamada "guerra contra las drogas"(que no ha hecho sino demostrar que en lugar de disminuir el número de drogadictos y traficantes, ha aumentado desde su inicio). La policía hace patrullas diarias por los barrios más pobres, ¿qué esperan no encontrar? Es como ir a pescar, sabes que en algún momento algún pez morderá el anzuelo. Es más, estos policías reciben pagas extras por realizar detenciones relacionadas con las drogas, que incluso acaban superando su salario base a fin de mes. ¿Acaso estos policías van a estar interesados en otro tipo de casos como violaciones o robos, asesinatos, etc.? No, se dedicarán solo a pescar. Es ley de vida. 
Hay unas 90 y pico personas en EEUU condenadas a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional, sólo por traficar con drogas. Uno de los condenados decía, "bueno, es igual que condenarme a muerte, ya que sólo saldré de aquí cuando muera". Lo peor no es eso, sino que a la hora de recortar, lo que se recorta es en rehabilitación, por lo tanto, cuando un preso sale de la cárcel, ¿qué le espera? Nadie le da trabajo, aparte de un montón mas de restricciones que tienen al ser ex-presidiario, como por ejemplo la prohibición de vivir en equis barrios, no tener derecho a viviendas del Estado, etc. Salen y están deseando volver a delinquir para volver a la cárcel, allí por lo menos tienen comida y techo.



El foco de atención debería ser la pregunta, ¿qué les llevó a las drogas? Los sumimos en la desgracia creando guetos durante el New Deal, los apartamos de los núcleos comerciales, los hacinamos, los abocamos a la fatalidad. En el documental podemos ver que la mayoría tuvieron padres adictos y traficantes o que tuvieron que irse a trabajar a otra ciudad, dejándolos solos contra la adversidad. Si no tienen dinero ni comida, qué van a hacer, ¿morir de hambre? Delinquen y los castigamos por ello.  Se ha pasado de perseguir las drogas a perseguir a los pobres, y la droga es la excusa para legalizar esa persecución.

Creo que lo más duro que vi en este documental fue un cartel del Estado que rezaba: "Se dará 200$ a aquellas mujeres drogadictas que se esterilicen". Además de obviar el derecho a ser madre, ¿en qué creen que se gastará esos 200$ una mujer adicta? Es la pescadilla que se muerde la cola.